Una Sanlúcar cautiva amaneció con nervios, con ansia, con fervor e ilusión.
"Los sueños se cumplen" decían algunos... y tanto que se cumplen, puede que hasta la realidad supere a la imaginación, que es lo que les pasó a muchos.
Pasadas las siete de la tarde, se abrieron las puertas de la Capilla alta, la del barrio, la de la luz de los Domingos, comenzó a salir un amplio cortejo formado por rostros de alegría, con un sentimiento de orgullo entre los miembros de la Hermandad, porque era el momento de estarlo, porque cuando algo se hace bien hay que mostrárselo al mundo. La Cruz de Guía daba paso al banderín de los Jóvenes Cofrades para seguirlo las numerosas filas de mujeres de mantilla, el recién estrenado estandarte, las autoridades y los ciriales, que dieron paso al Señor, sobre un monte de claveles muy distinto al de cada Domingo de Ramos, pero que jugaba con el contraste de la madera tallada de su canasto y resaltaba aún más la nueva túnica blanca que lucía sobre su cuerpo. Su Banda de Cornetas y Tambores hizo que si cerrabas los ojos pareciera que estabas retrocediendo al pasado, era la Banda del Cautivo en toda su esencia.
Numeroso público se movía por la barriada mientras el sol bañaba el rostro del Señor de Limón Parra, a un buen ritmo bajaba la cuesta una de las tres cuadrillas de costaleros, con marchas clásicas y con ese vaivén de la túnica que ponía la piel de gallina.
La Corredera le concedió la venia a la hermandad para cruzar del barrio al centro, que lo esperaba con sus estrechas calles y rincones añejos. Primero bajando el Altozano, después en la Capilla del Rocío y más tarde parando el paso en la Parroquia y el Ayuntamiento. Ahí comenzaba lo histórico, ahí ya estaba abierto el libro con hojas y hojas en blanco esperando llenarse de tinta que contara lo que iba a suceder.

"Llega a la otra punta de Sanlúcar" decían cuando se conoció el recorrido. Pues sí, a la Borriquita, a las once y media de la noche.
Para plantarse ante el Señor de la Sagrada Entrada en Jerusalén, ese que se aleja cuando el Cautivo se acerca, el que deja el paso de la inocencia del niño al dolor de la madurez, Jesús sonriente alabado por el pueblo y Jesús atado, condenado por el mismo. Se dirían tantas cosas en aquella estampa...
El amigo Lolo, hermano de la Borriquita iba en ese momento debajo del Cautivo, un ejemplo de amor a Cristo, que seguro que recordará cada Domingo de Ramos cuando sus hombros sientan la pesada madera del misterio de la palmera.

Regresó al centro, a la una de la madrugada, esta vez pisando suelo conocido y visitando a una Hermandad muy vinculada a la Paz, la Hermandad de la Oración en el Huerto, donde la cuadrilla echa el resto para dejar sin palabras al público congregado en la angosta calle. Impresionante chicotá, impresionante la Banda.
De nuevo la corredera, la cuál atravesó con apenas dos marchas, con un andar valiente y poderoso, con muchísima gente escoltando el paso, devotos, cofrades que no querían separarse del Cautivo.
